La vid.

De nombre científico “Vitis vinífera“, es coloquialmente conocida como vid o parra, y es la planta que da el apreciado fruto de la uva.

Existen muchos relatos acerca del origen de la vid:

La Biblia atribuye el descubrimiento de esta planta a Noé, quien la encontró al abandonar el Arca tras el Diluvio Universal. En las mitologías egipcia, griega y romana, son sus respectivos dioses (Osiris, Dionisio y Baco) los responsables de su creación y de la elaboración de los primeros vinos.

A pesar de que su origen no está muy claro, se cree que todo comenzó en los Montes Zagros, cerca del mar Caspio, donde fueron encontrados lo que se consideró restos de vino en una vasija neolítica. Su origen lo remonta al año 5000 antes de Cristo.

Existen muchas variedades diferentes, tanto de vides como de uva, y dependiendo de las variedades de la planta, el fruto al madurar podrá ser blanco, amarillo, rosado o negro.

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Con este origen envuelto en misterio… ¿Te preguntas cómo es una vid?

La ampelografía es la ciencia que estudia la vid, y morfológicamente la divide en tres partes:

  • Tronco: es la parte permanente, y el apoyo de los brazos de la planta. Su altura depende del sistema de formación escogido para el cultivo.
  • Brazos o ramas: son ramas cortas que se originaron a partir de cañas o sarmientos. Tendrán una posición diferente en función del sistema de formación elegido para su desarrollo. Se clasifican en madera del año en curso, de un año, de dos años, o madera vieja (del tercer año en adelante).
  • Pámpanos o sarmientos: son las ramas nuevas que se producen cada año. A lo largo de cada sarmiento aparecen los nudos, pequeños abultamientos que desarrollarán una hoja y una flor, o una hoja y un zarzillo.

En cuanto a los órganos de la vid, la clasificación botánica es la siguiente:

  • Hojas: se caracterizan por ser lisas por el haz, y ligeramente peludas por el envés.
  • Yemas: La yema es el punto de crecimiento que se desarrolla en  la axila de la hoja. Se debe prestar especial atención a las yemas dormidas en invierno, ya que contienen los primordios (células) de los racimos florales.
  • Zarzillos: son unos filamentos que se enrollan en espiral en su base, y ayudan a la vid a permanecer unida o a trepar, dependiendo de su estructura de formación.
  • Racimos: Los racimos son órganos opositifolios, es decir, se sitúan opuestos a las hojas. En una vid cultivada encontraremos de uno a tres racimos por pámpano fértil.
  • Flores: se caracterizan por tener cinco pétalos de color verde o amarillo que apenas se aprecian porque se funden en una estructura denominada caliptra, llamada también capucha. La caliptra alberga en su interior los órganos reproductores de la flor. La mayoría de las variedades de vides comerciales tienen flores hermafroditas.
  • Fruto: el fruto de la vid es la uva, y está formado por las siguientes partes:
    • raspón (es el vaso transmisor que aporta al grano las propiedades de la vid y del suelo).
    • pruina (recubrimiento de textura cerosa que protege el exterior del hollejo y ayuda a fijar las levaduras al mosto).
    • pulpa (ocupa la mayor parte del interior del fruto y contiene los azúcares, y los ácidos málico y tartárico).
    • pepita (semillas).
    • hollejo o piel (membrana de textura elástica que recubre la pulpa).